La frutera resume un problema que se extiende por el sector: dificultad para contratar, cierres de tiendas y un cambio de hábitos que empuja a muchos a dejar el negocio.
Sonia pone voz a una realidad incómoda. Tras toda una vida entre cajas y cámaras, describe un oficio que ha cambiado de arriba abajo. Lo ha vivido desde dentro, primero como autónoma y ahora como asalariada. Y su diagnóstico es claro: cuesta contratar, cierran fruterías y el público se ha mudado al supermercado.
Cómo la transformación del sector frutícola complica el empleo y la contratación
El sector tradicional, donde Sonia se formó desde los 15 años, ya no funciona igual. Lo explica con crudeza: «Cuando empecé, todo era distinto. Había más movimiento, el esfuerzo se compensaba. Ahora trabajas mucho, pero no obtienes los mismos beneficios que hace unos años». ¿Qué hay detrás de este desajuste?
Según relata, la clientela ha cambiado de rutina y compra: «Hoy en día los jóvenes van al supermercado, donde tienen de todo y eso nos resta muchísimo. Ya no valoran la cercanía ni el trato. Es cuestión de horarios y de rapidez». De ahí que muchos pequeños comercios pierdan músculo y les cueste fidelizar.
Antes de seguir, conviene quedarse con las claves que apunta desde su experiencia.
- Auge del supermercado y pérdida de valor del trato cercano.
- Conciliación y fines de semana libres como prioridades para los jóvenes.
- Dificultad para contratar incluso ofreciendo buen sueldo y horarios.
- Cierres recientes de fruterías y falta de relevo para traspasos.
En consecuencia, la contratación se resiente. Ella misma lo resume: «Aunque ofrezcamos buenas condiciones laborales, hay gente que prefiere quedarse cobrando el paro». La frase pincha donde duele y abre un debate mayor: ¿qué peso tienen la conciliación y la estabilidad frente a un oficio exigente?
Por qué los supermercados y el paro agravan la búsqueda de personal
El tirón de las grandes superficies arrastra ventas y limita márgenes. Con menos margen, cuesta mejorar salarios y, por tanto, atraer plantilla. A la vez, muchas personas priorizan horarios estables y fines de semana libres; Sonia lo entiende y no lo juzga, pero constata el efecto práctico: «Incluso ofreciendo un buen sueldo y horarios, cuesta encontrar gente dispuesta a trabajar en el sector». Se trata de una llamada de atención sobre cómo se cruzan consumo, empleo y conciliación.
Del trabajo autónomo a asalariada, un giro que gana terreno
Tras más de diez años por su cuenta, dio el paso a la nómina hace poco más de un año. Lo explica sin rodeos: «Es lo mejor que he hecho. Ahora hago mis horas, tengo mis vacaciones y un sueldo seguro. Además, sigo trabajando en lo que me gusta». Antes, las jornadas eran «interminables de hasta 14 horas al día», con la mochila de gestionar empleados y resolver problemas.

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