Ir a repostar se está convirtiendo en una pequeña prueba de paciencia para muchos conductores. Basta con levantar la vista al panel luminoso para entender el enfado. En una gasolinera al este de Madrid, el diésel ya marca 1,829 euros y la gasolina 1,715, cuando hace poco más de una semana ninguno de los dos combustibles superaba los 1,60 euros.
Desde que comenzó el conflicto abierto en el golfo Pérsico tras el ataque de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero, el diésel ha subido un 20% y la gasolina un 10%, según la última actualización del Ministerio de Transición Ecológica. El golpe se nota en el surtidor, pero sobre todo en la cuenta corriente. Y ahí la broma deja de tener gracia bastante rápido.
¿Por qué el conflicto en el golfo Pérsico está disparando el precio del combustible?
El foco está en una de las zonas clave del mercado petrolero. Por el estrecho de Ormuz, cerrado desde la semana pasada, transita el 20% del crudo mundial, es decir, del petróleo antes de transformarse en carburante. Ese cierre ha sacudido uno de los grandes centros del negocio del petróleo y la consecuencia ha sido inmediata: el crudo ha subido un 40% y el barril de brent, una de las referencias internacionales del precio del petróleo, llegó a superar este lunes los 100 dólares.
Ese salto ya se nota en España. La última actualización del Ministerio de Transición Ecológica refleja que el precio en las gasolineras del diésel ha aumentado un 20% y el de la gasolina un 10% desde que explotó el conflicto. Dicho de forma simple, llenar el depósito sale bastante más caro en apenas unos días, y no precisamente por unos céntimos de nada.
¿Por qué el diésel vuelve a ser más caro que la gasolina?
El gasóleo ha vuelto a superar a la gasolina, algo que no ocurría desde los primeros compases de la guerra en Ucrania en 2022. Para quienes dependen del coche cada día, el cambio no es menor, porque el diésel solía ser la opción más asumible para muchos bolsillos que viven pegados al volante.
Fuentes del mercado explican que en Europa el diésel es más volátil, es decir, que su precio cambia con más brusquedad, porque está más atado a las tendencias del mercado internacional. En cambio, la gasolina se comporta de forma más estable porque el continente tiene mayor capacidad de refino para este carburante, o lo que es lo mismo, más capacidad para transformar petróleo en gasolina.
Llenar el depósito ya cuesta hasta 70 euros: así afecta a quienes viven al volante
Francisco Javier González, comercial de 62 años, lo resume con dos palabras después de pasar por caja en una gasolinera al este de Madrid: “Indignación y cabreo”. Acostumbra a hacer entre 700 y 1.000 kilómetros a la semana por trabajo y, como no puede sustituir el coche por transporte público, el golpe lo nota de lleno. La semana pasada llenó el depósito por 55 euros y este lunes ha pagado 70. Con un presupuesto de 1.000 euros al mes para gasolina, ya echa cuentas y teme terminar el mes con 200 euros menos en la cuenta si todo sigue igual.
Apenas a un kilómetro de allí, en una gasolinera low cost, el panel marca 1,699 euros para el gasóleo y 1,589 para la gasolina. Miguel Ángel González, jefe de obra en la constructora Gruconsa, recorre entre 200 y 300 kilómetros al día para supervisar hasta cinco obras. Antes de la una de la tarde ya había pasado por Paracuellos del Jarama, la calle Eduardo Dato de Madrid y la calle Menorca.
Su reacción mezcla resignación y cansancio: “La verdad es que prefiero no pensar hasta dónde puede llegar a subir el precio. La ignorancia para algunas cosas es positiva”. A su juicio, las empresas acabarán repercutiendo este gasto a sus clientes y solo ve una salida: bajar el tipo impositivo al combustible, es decir, el impuesto que se aplica al carburante.
¿Qué piden taxistas y profesionales que no pueden dejar el coche en casa?
Javier Pérez, taxista de 59 años, reclama que el Gobierno recupere medidas como las que se pusieron en marcha durante la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania. Entonces, la Administración central descontó 20 céntimos por litro. Su queja es muy concreta: si no llega una ayuda similar, las pérdidas saldrán directamente de su bolsillo porque la tarifa del taxi es fija y no puede adaptarse al ritmo de la gasolinera, que últimamente corre bastante más.
Para quienes conducen un vehículo de gasolina, como el Toyota de este taxista, el impacto es por ahora un 10% menor que para quienes usan gasóleo. Aun así, el margen tampoco invita a relajarse. Iván Caballero, taxista desde hace tres meses, trabaja entre 10 y 12 horas diarias y solo libra los jueves y un sábado cada dos fines de semana. Si el problema escala, ya asume que tendrá que cambiar su rutina: “Voy a tener que currar un poquito más, quizás una hora diaria más para ajustar”. Mientras el conflicto sigue abierto, toca hacer cuentas, que nunca falla aunque casi siempre fastidie.
Cómo pueden reaccionar ahora los conductores ante la subida del diésel y la gasolina
Los testimonios de esta jornada dejan varias pistas prácticas para quienes no tienen alternativa al coche. No son soluciones milagrosas, porque el surtidor no está precisamente para regalar alegrías, pero sí reflejan lo que ya están haciendo o valorando quienes pasan media vida en la carretera.
- Comparar precios antes de repostar. En apenas un kilómetro, el gasóleo pasa de 1,829 euros a 1,699 y la gasolina de 1,715 a 1,589.
- Revisar el presupuesto mensual con cifras cerradas. Francisco Javier González calcula que, si la situación sigue igual, terminará el mes con 200 euros menos.
- Ajustar jornadas o costes si el coche es imprescindible para trabajar. Un taxista ya contempla sumar una hora diaria más y un jefe de obra cree que las empresas acabarán repercutiendo el aumento a sus clientes.
- Seguir de cerca posibles medidas públicas. Algunos profesionales piden recuperar ayudas como el descuento de 20 céntimos por litro aplicado durante la crisis energética de la guerra en Ucrania.
De ahí que la clave inmediata no sea solo cuánto marca el panel luminoso, sino cómo se reorganiza cada conductor para soportarlo. Porque cuando llenar el depósito en la gasolinera se convierte en un problema semanal, el conflicto internacional deja de sonar lejano y se mete de lleno en la rutina.
