Duro golpe judicial a un empresario por no dar de alta a su plantilla: la deuda con la Seguridad Social llegó a 262.922,68 euros en cotizaciones

La Audiencia Provincial de Valladolid ha impuesto tres años de prisión y una multa de 400.000 euros a un empresario que no dio de alta a sus trabajadores en la Seguridad Social, considerándolo responsable de un delito de fraude a la Seguridad Social. La deuda estimada con el organismo alcanza los 262.922,68 euros en cotizaciones no pagadas.

El condenado era administrador único de tres sociedades mercantiles y, según la resolución, utilizó estas empresas para operar sin cumplir con sus obligaciones de cotización por los empleados que trabajaban para ellas.

El caso del empresario condenado en Valladolid por fraude a la Seguridad Social

De acuerdo con la información hecha pública, el empresario gestionaba tres sociedades mercantiles en las que mantenía a los trabajadores sin dar de alta en la Seguridad Social. El objetivo, tal y como recoge la sentencia, era evitar el pago de las cotizaciones correspondientes por cada uno de ellos.

La resolución explica que el acusado «omitió la presentación a la Tesorería General de las bases de cotización de sus empleados, no transmitiendo las liquidaciones de cuotas de la Seguridad Social y por conceptos de recaudación conjunta». Como resultado de esta conducta prolongada, la deuda generada con la Seguridad Social se cifra en 262.922,68 euros.

Cómo el empresario utilizó sus tres sociedades para eludir las cotizaciones

La Audiencia Provincial detalla que el empresario actuaba como administrador único de las tres sociedades, por lo que concentraba en su persona todas las decisiones de gestión. Pese a esa posición de control, no cumplió con los trámites necesarios para el alta de los trabajadores ni con la presentación de las cotizaciones.

La sentencia subraya que el acusado era plenamente consciente de la situación. Señala que «le daban traslado de todos los avisos por el impago de los seguros sociales de los trabajadores, así como de los requerimientos del órgano gestor» y, aun así, no reaccionó.

El fallo de la Audiencia Provincial de Valladolid y sus argumentos

Además de la pena de cárcel y la multa de 400.000 euros, el tribunal reprocha al empresario su pasividad ante las reclamaciones oficiales. El texto destaca que nunca solicitó un aplazamiento de las deudas ni intentó regularizar su situación, ignorando los «requerimientos realizados por las unidades recaudatorias de la Seguridad Social» y los de los inspectores de trabajo «que han intervenido en los expedientes administrativos».

La Audiencia hace hincapié en que la intención del empresario fue siempre la de defraudar a la Seguridad Social, lo que agrava la relevancia de los impagos acumulados. No se trata, por tanto, de una mera negligencia, sino de una conducta conscientemente mantenida en el tiempo.

El papel del administrador y las alternativas legales que no utilizó

El tribunal también rechaza que el empresario pueda ampararse en su desconocimiento. La sentencia indica que no puede justificar su actuación «en su falta de conocimientos para no atender los trámites laborales, tributarios y mercantiles que conlleva la constitución de una sociedad y que son una obligación para el encargado de su administración».

En este sentido, la Audiencia recuerda que, si la situación económica de las sociedades hacía imposible cumplir con las obligaciones de cotización, «en manos del acusado estuvo siempre acudir a los mecanismos concursales o cerrar las sociedades, cesando en sus actividades para evitar así más impagos», algo que nunca hizo.

Impacto de la sentencia sobre las obligaciones empresariales con la Seguridad Social

Dado lo anterior, la condena lanza un mensaje claro sobre la responsabilidad de los administradores de empresas frente a la Seguridad Social. El tribunal refuerza la idea de que no basta con alegar dificultades económicas o desconocimiento cuando se trata de cumplir con las cotizaciones de los trabajadores.

Por este motivo, la resolución de la Audiencia Provincial de Valladolid se convierte en un ejemplo de las consecuencias penales y económicas que puede acarrear el impago deliberado de las cuotas y la falta de alta de los empleados en el sistema de protección social.

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