La última estima genética oficial situó unos 370 animales en la Cordillera Cantábrica, mientras la expansión hacia Zamora exige reforzar la convivencia.
El oso pardo ha pasado de menos de 70 ejemplares a más de 400 en tres décadas, según el Ministerio para la Transición Ecológica. La cifra se difundió el 26 de marzo de 2025 y engloba las poblaciones vinculadas a la Cordillera Cantábrica y los Pirineos. El incremento contrasta con la situación de los años noventa, cuando la especie quedó reducida a sus refugios más seguros. Su relevancia se renueva tras aprobarse, el 22 de junio de 2026, un protocolo para intervenir ante osos heridos, habituados o conflictivos.
La cifra de 400 osos reúne dos realidades distintas
La Cordillera Cantábrica mantiene una estima oficial de unos 370 ejemplares. El cálculo procede de análisis genéticos realizados por las comunidades autónomas en 2020. En los Pirineos, el seguimiento transfronterizo identificó un mínimo de 108 animales diferentes durante 2025. Esa segunda cifra abarca España, Francia y Andorra. Los recuentos usan periodos, ámbitos y metodologías diferentes. Por ello, no deben sumarse como una fotografía simultánea de toda la población española.
También existen diferencias en el origen y seguimiento de ambas poblaciones. La cantábrica conserva ejemplares autóctonos y se divide entre un núcleo occidental y otro oriental. Los últimos conteos públicos de grupos familiares mostraban una clara mayoría en el occidental. El movimiento de machos ha reducido su antiguo aislamiento genético, aunque las hembras se desplazan menos entre núcleos. La población pirenaica actual procede principalmente de ejemplares eslovenos liberados desde 1996 y sus descendientes. El caso recuerda a la recuperación del lince ibérico, aunque los programas aplicados son distintos.
Cabrera, La Carballeda y Sanabria registran una expansión natural
Un estudio publicado en octubre de 2025 reunió 85 registros obtenidos entre 2012 y julio de 2025. Esas observaciones corresponden a 34 nuevas cuadrículas de diez kilómetros. Los datos incluyen huellas, imágenes, daños en colmenares, testimonios contrastados y muestreos genéticos. El patrón confirma dispersión hacia Cabrera, La Carballeda, Sanabria y áreas próximas. Algunos indicios podrían revelar una presencia estable, aunque los autores reclaman seguimientos más sistemáticos.
El trabajo no establece una ausencia uniforme de 150 años en todas esas comarcas. Señala que el oso recoloniza territorios donde había desaparecido durante décadas. Los primeros registros recientes aparecen en 2012, en Riohonor de Castilla, y en 2013, alrededor de Cabrera. Entre 2018 y 2024, el área ocupada alcanzó unos 18.800 kilómetros cuadrados. Los autores consideran estas sierras estratégicas y reclaman reforzar su seguimiento y protección. Una mejor conservación de estos corredores podría reducir el aislamiento de los grupos en expansión.
La recuperación no elimina el riesgo de extinción ni los conflictos
El oso pardo continúa catalogado como especie en peligro de extinción. El aumento poblacional tampoco puede atribuirse al supuesto final del furtivismo. La recuperación responde a la lucha contra los delitos contra la fauna, la restauración del hábitat y la protección de áreas sensibles. También han influido la custodia del territorio y la coordinación entre administraciones. El éxito demográfico no elimina las amenazas ni permite relajar su protección legal.
El cambio climático añade nuevas dificultades. El MITECO advierte de cosechas irregulares de arándano, menor disponibilidad futura de algunos bosques y periodos de hibernación más cortos. El proyecto LIFE Osos con Futuro plantó 150.000 árboles y arbustos, además de 25.000 castaños de variedades locales. La expansión también acerca ejemplares a huertas, colmenas, contenedores y carreteras. Limitar los alimentos accesibles puede reducir el riesgo de atraer osos cerca de viviendas. Estas zonas requieren prevención, especialmente ante accidentes con fauna silvestre.
El nuevo protocolo prioriza seguridad, prevención y coordinación
La Conferencia Sectorial de Medio Ambiente aprobó el protocolo actualizado el 22 de junio de 2026. El documento se aplica en Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León. Distingue entre osos con problemas, habituados y problemáticos. También regula equipos de intervención, medidas de disuasión, capturas, atención veterinaria y liberaciones posteriores. La coordinación busca respuestas homogéneas sin rebajar la protección estricta de la especie.
El protocolo oficial de intervención sitúa la seguridad de las personas junto a la conservación. El documento contempla niveles graduales de actuación, desde la vigilancia hasta la captura, según el riesgo y la conducta observada. También permite intervenir ante crías abandonadas, ejemplares heridos o comportamientos reiterados.
La cifra de más de 400 refleja una recuperación notable. Sin embargo, su continuidad dependerá del hábitat, la vigilancia y la aceptación social.
