José Luis Esteban Penelas defiende que la vegetación, los árboles, los materiales y la orientación de los edificios deben ocupar un papel central para reducir las altas temperaturas en las ciudades.
Las grandes ciudades españolas vuelven a enfrentarse al calor extremo con calles de asfalto, plazas sin sombra y edificios que acumulan temperatura durante horas. José Luis Esteban Penelas, catedrático de arquitectura y edificación en la Universidad Europea, ha señalado en La Brújula, de Onda Cero, que el urbanismo debe cambiar de forma profunda y avanzar hacia ciudades concebidas como “bosques humanizados”.
Su propuesta llega en un contexto de preocupación creciente por el impacto del calor en la salud. El Ministerio de Sanidad estimó 3.832 muertes atribuibles al exceso de temperatura entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre de 2025, mientras que las estimaciones de MoMo recogidas por EFE situaron en 1.029 las muertes por altas temperaturas solo en junio de 2026.
La vegetación urbana y los árboles se plantean como respuesta al calor extremo
Penelas no plantea solo plantar árboles de manera aislada. Su propuesta pasa por alterar la estructura de las urbes con más arbolado, fachadas vegetales, pérgolas, corredores de sombra y espacios capaces de retener humedad durante la noche para liberarla durante el día. Según el arquitecto, la vegetación debe funcionar como una infraestructura urbana más.
Este planteamiento se relaciona con el fenómeno conocido como isla de calor urbana. AEMET explica que las calles asfaltadas y los tejados cerámicos absorben radiación y retienen calor, mientras que las zonas verdes y los tejados vegetales pueden ayudar a reducir esa acumulación de energía en la ciudad.
El asfalto, el hormigón y la orientación de los edificios elevan la temperatura
El experto apunta a los materiales como una de las razones por las que el centro urbano suele sentirse más sofocante que la periferia. El asfalto negro y el hormigón almacenan calor, elevan la temperatura ambiente y lo devuelven durante la noche, lo que dificulta el descanso y agrava el impacto de las olas de calor.
Según Penelas, entre una gran ciudad y su entorno puede haber diferencias de 6 o 7 grados. La orientación de las viviendas también influye, ya que una edificación mejor diseñada favorece interiores más frescos, reduce la dependencia del aire acondicionado y permite que los espacios públicos sean más utilizables durante el verano.
Recuperar agua, sombra y materiales tradicionales para hacer ciudades más habitables
Entre las medidas mencionadas por el catedrático figura recuperar soluciones antiguas, como canales que llevaban agua por las calles antes del Canal de Isabel II. También cita el uso de granito y piedra natural en el pavimento, frente a materiales que absorben más radiación y aumentan la sensación térmica.
Su propuesta encaja en un urbanismo que no mira solo al confort, sino también a la salud pública. Más sombra, más vegetación, mejores materiales y edificios orientados de forma adecuada pueden reducir el estrés térmico en trayectos diarios, colegios, paradas de autobús, plazas y viviendas.
