Marruecos acelera su plan contra la sequía con una red de desaladoras que busca reducir la dependencia de la lluvia antes de 2030. La gran apuesta será la planta de Casablanca, una infraestructura capaz de abastecer a millones de personas.
Marruecos ha decidido cambiar su modelo de abastecimiento de agua tras siete años de sequía que dejaron los embalses en una situación crítica. El Gobierno marroquí quiere que el 60% del agua potable proceda del mar en 2030, frente al 25% actual, mediante una fuerte inversión en desalación y energías renovables.
Marruecos acelera la desalación para reducir su dependencia de la lluvia
El plan hídrico del país tiene una meta clara: garantizar el agua potable en las grandes ciudades costeras y reservar más recursos de los embalses para las zonas interiores y la agricultura. Para ello, Rabat está impulsando nuevas plantas desaladoras, tras años de presión sobre los recursos subterráneos y las reservas de superficie.
Según los datos trasladados por el ministro marroquí del Agua, Nizar Baraka, el país ya opera 17 plantas desaladoras y tiene otras cuatro en construcción. Además, prevé alcanzar una capacidad de 1.700 millones de metros cúbicos anuales de agua desalada en 2030.
Aunque las lluvias recientes han dado un alivio al campo y a los embalses, la estrategia no se ha detenido. Reuters informó en enero de 2026 de que Marruecos declaró el final de siete años de sequía tras un invierno más lluvioso, con una mejora del llenado medio de los embalses hasta el 46%. Aun así, el país mantiene la desalación como una vía estructural para asegurar el suministro.
La desaladora de Casablanca será la mayor de África y usará energía renovable
La pieza más destacada del plan será la desaladora de Casablanca, situada en Sidi Rahal, en el área del Gran Casablanca. La instalación tendrá una capacidad de 300 millones de metros cúbicos al año y estará destinada a suministrar agua potable a 7,5 millones de personas, además de apoyar usos agrícolas.
ACCIONA, integrada en el consorcio Al Baidaa Desalination Company junto a Green of Africa y AfriquiaGaz, participa en el proyecto, que supondrá una inversión de 6.500 millones de dirhams marroquíes, unos 613 millones de euros. La planta producirá 250 millones de metros cúbicos anuales para consumo humano y hasta 50 millones para agricultura regional.
Otro punto relevante es su suministro energético. La planta funcionará con tecnología de ósmosis inversa y estará alimentada por energía eólica renovable, con apoyo del parque Bir Anzarane. ACCIONA señala que la capacidad diaria alcanzará los 838.000 metros cúbicos cuando esté completada.
El gran reto de Marruecos será controlar el coste y la salmuera
La desalación permite transformar agua de mar en agua apta para consumo, pero no está exenta de desafíos. Su coste energético es elevado y la gestión de la salmuera exige controles ambientales para evitar daños en los ecosistemas marinos. Por eso, Marruecos está vinculando sus nuevos proyectos a energías renovables, una decisión que busca abaratar la producción y reducir el impacto climático.
El país también está desarrollando grandes conducciones de agua para transferir recursos desde zonas con mayor disponibilidad hacia regiones afectadas por el estrés hídrico. Esta red, conocida como “autopistas de agua”, forma parte de una estrategia más amplia que incluye desaladoras, presas y restricciones a cultivos con alto consumo en áreas desérticas.
Con este giro, Marruecos quiere proteger su abastecimiento urbano, sostener parte de su actividad agrícola y prepararse para un clima más seco en el Mediterráneo. El éxito dependerá de que las nuevas infraestructuras sean viables a largo plazo y de que la protección ambiental avance al mismo ritmo que la inversión.
