Pescado que se corta como pan, carne de reno, congeladores naturales y abrigos que pesan hasta 10 kilos: así es la ciudad más fría del mundo

Si creías que salir a por el pan en enero era duro, en Yakutsk esa excursión es casi una expedición polar. Allí, el termómetro ha marcado −64,4 °C y los −45 °C son el pan de cada invierno. La luz solar, en pleno enero, se queda en no más de cuatro horas al día, así que todo va a contrarreloj. En esta capital de la República de Sajá (Yakutia), en el corazón de Siberia oriental, más de 300.000 personas han aprendido a moverse con el frío como compañero de piso.

La ciudad ha convertido la adaptación en rutina: capas y más capas de ropa, mercados al aire libre que funcionan como congeladores naturales y casas elevadas sobre pilotes. Y, pese al entorno hostil, la vida comunitaria se mantiene con fuerza, apoyada en tradiciones, ingenio y una planificación milimétrica.

¿Por qué Yakutsk es la ciudad más fría del planeta?

Yakutsk es reconocida como la urbe más fría del mundo por una combinación de geografía extrema, latitud y permafrost. El invierno se alarga, el cielo permanece gris y, en enero, la jornada de luz no supera las cuatro horas. La tundra helada que la rodea impone su ley: el frío condiciona horarios, transporte y hasta la forma de respirar. Para ubicar las magnitudes, estos son algunos datos clave que marcan la vida diaria en la ciudad.

IndicadorDato en Yakutsk
Temperatura mínima registrada−64,4 °C
Temperatura habitual en invierno−45 °C
Horas de luz en eneroHasta 4 horas
Peso de la ropa por capasHasta 10 kilogramos
Duración posible del inviernoHasta 9 meses
PoblaciónMás de 300.000 personas

Este escenario no es solo una curiosidad meteorológica: define rutinas y decisiones cotidianas. De ahí que la ciudad sea un referente mundial de adaptación humana al frío extremo, con prácticas que van desde la vestimenta en capas hasta la organización social orientada a minimizar la exposición exterior.

Vestirse por capas: cómo se protegen del frío extremo

Sobrevivir en Yakutsk empieza por el armario. Desde la infancia se interioriza un sistema de capas: ropa térmica, camisetas y sudaderas de cuello alto, chaquetas de forro polar, pantalones acolchados y un abrigo de plumas o de piel. El conjunto puede pesar hasta diez kilogramos, lo justo para que el cuerpo no pierda calor a la primera ráfaga.

La investigación médica recoge que, incluso con exposiciones breves sin protección, el riesgo de lesiones por frío es alto. Los estudios citan el uso de abrigos muy gruesos, gorros y guantes específicos, y añaden un aviso nada teórico: sin la cabeza bien cubierta y el rostro protegido, la congelación puede aparecer en cuestión de minutos.

Qué comen en Yakutsk y por qué: carne, pescado y calorías

Cuando el terreno no permite cultivar verduras, la dieta se adapta al clima. En Yakutsk, la alimentación tradicional se apoya en recursos animales locales: carne y pescado ricos en grasas que ayudan a mantener la energía y la protección térmica. En los mercados, el pescado congelado se vende en piezas que se cortan como pan y la carne de reno es protagonista. Con el hielo omnipresente, los congeladores son, digamos, un lujo prescindible.

Los análisis científicos, incluidos trabajos con datos isotópicos, históricos y arqueológicos, confirman esa base animal en la dieta de Yakutia. De hecho, la literatura académica subraya cómo estos hábitos permiten a la población ajustarse metabólicamente a condiciones adversas y sostener la actividad diaria en pleno invierno largo.

Construir sobre permafrost: pilotes y ciudad elevada

La ciudad se levanta sobre permafrost, es decir, una capa de suelo permanentemente congelada. Construir directamente sobre ese terreno es receta segura para el desastre: el calor del edificio podría derretir la base y desestabilizarla. Por eso las viviendas y edificios se alzan sobre pilotes, pilares que elevan la estructura y dejan un colchón de aire que evita el calentamiento del suelo.

El resultado es un paisaje urbano singular, con barrios enteros “en alto”. Es una solución arquitectónica que se ha vuelto sello de identidad local y que permite que la infraestructura funcione pese al hielo perenne bajo los pies.

Escuelas, transporte y rutinas cuando el termómetro se desploma

La vida cotidiana se organiza con disciplina. En días de frío extremo, las escuelas pueden cerrar y la población limita salidas innecesarias. El transporte requiere estrategias propias: los vehículos pueden permanecer encendidos durante horas o resguardados con lonas para proteger los motores del frío cortante. Y detalles mínimos, como comer al aire libre o manipular objetos, se vuelven delicados: la comida se congela al instante y la respiración crea una nube constante delante del rostro.

Los estudios en biología humana señalan que, durante los meses más duros, la comunidad ajusta su estilo de vida: menos actividad al aire libre, más ingesta calórica y planificación meticulosa de cada desplazamiento. Por consiguiente, la salud y la funcionalidad se preservan reduciendo la exposición y priorizando la energía.

Cómo organizarte para vivir o visitar Yakutsk

Planificar es medio trabajo hecho. Si te mueves por Yakutsk, aunque sea por poco tiempo, conviene convertir varias pautas en rutina para que el frío no te pille a contrapié:

  • Vístete por capas: ropa térmica, camisetas y sudaderas de cuello alto, chaquetas de forro polar, pantalones acolchados y un abrigo de plumas o de piel.
  • Cubre cabeza y rostro con gorro, manoplas y protección facial para evitar congelaciones en minutos.
  • Limita la exposición exterior en días de frío extremo y asume posibles cierres escolares.
  • Planifica desplazamientos: cada salida requiere preparación y los vehículos pueden necesitar permanecer encendidos o cubiertos.
  • Ajusta la dieta hacia carne y pescado ricos en grasas para mantener la energía.

Estas recomendaciones no son adornos: son el ABC local para que la vida siga su curso cuando el hielo manda. En consecuencia, cada salida se prepara como una operación breve y pensada, y cada regreso a casa, como un deshielo controlado.

Comunidad, historia e identidad: por qué resisten

La adaptación en Yakutsk no es solo individual; es también de red. Investigaciones sociales describen sistemas de ayuda mutua y transmisión de conocimientos de supervivencia que sostienen la resiliencia colectiva. Así, el sentido de pertenencia se refuerza con la práctica diaria: compartir trucos, apoyar al vecino y aprender de quienes llevan generaciones en ese entorno.

El aislamiento geográfico marcó su historia. Siberia fue lugar de exilio durante el Imperio ruso y la Unión Soviética, no tanto por cárceles formales como por la distancia y la hostilidad del entorno, que hacían el escape casi imposible. Hoy, Yakutsk demuestra que la comodidad no es patrimonio exclusivo de los climas templados: con creatividad, disciplina y comunidad, se puede vivir y prosperar, en uno de los rincones más implacables del planeta.

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