Tras un aneurisma y un 33% de discapacidad, este conserje denuncia que la Seguridad Social le niega la incapacidad permanente y le obliga a reincorporarse a su puesto.
La vida de Abel dio un giro hace cuatro años, mientras hacía ejercicio. Practicando CrossFit sufrió un aneurisma en la arteria carótida interna derecha que la seccionó y, desde entonces, solo la arteria izquierda riega su cerebro. Arrastra secuelas neurológicas importantes, pero el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) sostiene que puede volver a trabajar y hacer “vida normal”.
Un conserje con discapacidad lucha por la incapacidad permanente que le niegan
Tras el episodio, a Abel se le reconoció un 33% de discapacidad y el Institut Català d’Avaluacions Mèdiques (ICAM) emitió un dictamen favorable a la incapacidad permanente. Su entorno médico y jurídico le transmitía que la resolución sería positiva.
Sin embargo, el INSS llegó a la conclusión contraria: debía reincorporarse a su trabajo de conserje en un instituto público. “Al principio, parecía que el ICAM me abría la puerta y quien me la ha cerrado es la Seguridad Social”, resume. Ha acudido a los tribunales en dos ocasiones y, aun así, las sentencias han respaldado la decisión de la entidad.
Secuelas físicas y psicológicas que la Seguridad Social no reconoce adecuadamente
Antes del aneurisma, Abel era muy deportista. La intervención fue compleja y el daño en la arteria obligó a cerrarla por completo. Desde entonces, cualquier esfuerzo físico se convierte en un riesgo real para su salud. Entre las secuelas que describe, destacan:
- Mareos frecuentes, fatiga intensa, pérdida de fuerza, dificultad en el habla y falta de sensibilidad en parte de la boca.
Con estas limitaciones, las tareas de conserje se vuelven especialmente duras. Poco después de reincorporarse y al cargar unas sillas, se mareó y sufrió una caída. “Fui al médico y me han dado otra baja, pero es una solución temporal”, reconoce.
El Departament d’Educació le había prometido adaptar el puesto, pero, según relata, sigue con las mismas funciones físicas. “Aunque el Departament d’Educació me aseguró que se adaptaría el sitio y no ha sido así. Este es un trabajo muy físico y no puedo hacerlo”, denuncia. Y, dicho en plata, siente que solo se van poniendo parches.
Las consecuencias también llegan a su vida personal. “Me ha cambiado la vida, no solo con el trabajo. Me apasiona la música y he tenido que dejar el grupo de rock donde estaba porque no puedo sostener la guitarra”, lamenta.
¿Quién tiene la última palabra sobre la incapacidad permanente en la Seguridad Social?
Según la información de Canal Salut, el Instituto Nacional de la Seguridad Social es quien decide si existe una incapacidad permanente y el grado, a partir de un dictamen previo del ICAM. Ese dictamen es necesario, pero no vinculante, de modo que la última palabra recae en el INSS. En el caso de Abel, varios organismos han intervenido con papeles distintos. Su recorrido puede resumirse así:
| Organismo | Función principal | Resultado en el caso de Abel |
|---|---|---|
| ICAM | Valorar secuelas y emitir dictamen previo | Reconoce la gravedad y emite informe favorable |
| INSS | Decidir sobre incapacidad y su grado | Niega la incapacidad y ordena la reincorporación |
| Departament d’Educació | Gestionar el puesto de conserje | Promete adaptar el puesto, pero mantiene tareas físicas |
De esta forma, las valoraciones médicas y las decisiones administrativas no siempre coinciden. Para Abel, el resultado es “desesperante” y denuncia que hay “poca humanidad en el sistema”. Mientras espera una nueva cita con el ICAM, admite que ha escuchado historias de que estos tribunales médicos pueden ser “una lotería”.
Con bajas temporales y órdenes de reincorporación, siente que su futuro laboral pende de un hilo y se pregunta: ¿qué pasa cuando la salud y el trabajo ya no encajan, pero el sistema sigue tratándolo como si nada hubiera pasado?
