Dos españolas convierten una antigua cuadra en su hogar tras escapar de los precios imposibles del alquiler

Ducharse en el gimnasio podría sonar a truco de estudiante, pero para Ana y Erika es su manera de ajustar gastos sin renunciar a agua caliente. La vivienda se ha convertido en un gran factor de desigualdad en España, con subidas acumuladas en el alquiler que superan el 90% en diez años y salarios que no acompañan. Millones de personas dicen no poder alquilar o comprar en solitario, incluso trabajando, y la precariedad habitacional se ha normalizado. En ese contexto, ellas han optado por una alternativa radical y barata: una antigua cuadra de vacas de piedra de 27 metros cuadrados en plena montaña cántabra. Tienen 40 años y hace cuatro decidieron dejar atrás la ciudad, el ruido y la rutina que sentían ajena. Desde entonces restauran su cabaña paso a paso y, sí, se duchan con agua caliente… pero en el gimnasio.

¿Por qué Ana y Erika se mudaron a una cabaña de 27 metros cuadrados?

La decisión no nació de un capricho, sino de una idea sencilla: recuperar el control del tiempo y de la forma de vivir. El punto de inflexión llegó con la muerte repentina de la madre de Ana a los 61 años, tras toda una vida trabajando. A partir de ahí asumieron su metáfora del «ticket de la vida»: naces con un billete que ya incluye el final; lo único que puedes elegir es cómo usas el tiempo hasta llegar ahí.

Dejaron la ciudad y apostaron por una construcción que nunca había sido vivienda. Compraron una vieja cuadra de piedra de 27 metros cuadrados con lo puesto; como reconocen, estaban «a dos velas», pero invirtieron lo poco que tenían, una cantidad que hoy ni llega para la entrada de un piso. ¿Riesgo? Bastante. ¿Coherencia con su plan vital? Total.

¿Cómo es su día a día sin ducha en casa y con frío en la montaña cántabra?

La cabaña está en plena naturaleza y la obra va por fases. El tejado no está terminado del todo, así que han colgado alfombras y mantas en paredes y techos para frenar el frío y la humedad. Durante casi dos años, incluso ya mudadas, durmieron en una tienda de campaña dentro de la propia cabaña para aislarse de la suciedad y de las bajas temperaturas. Tener ahora una cama fija lo consideran «uno de los grandes hitos del proyecto».

La higiene ha sido el mayor quebradero de cabeza. Su objetivo es instalar una ducha con agua caliente en casa, pero por ahora no pueden permitírselo. Mientras tanto, se apuntaron a un gimnasio por una razón muy concreta: ducharse con agua caliente en invierno. Iban, se duchaban y de vuelta a la obra. El baño es seco y está en una caseta exterior, cerca del gallinero; antes tiraron de un inodoro químico portátil y, poco a poco, han ido encajando soluciones más acordes con su entorno.

¿De qué viven y cómo se apañan con la electricidad?

Viven casi en autosuficiencia eléctrica gracias a placas solares que alimentan una pequeña «central eléctrica» con la que cargan los portátiles y pueden trabajar. En invierno, cuando el sol no da para todo, tiran de un generador de gasolina para emergencias. La calefacción no es tal: la cocina de leña, una chapa, hace de corazón de la casa, sirve para cocinar, preparar infusiones y combatir la humedad. Es rústico, pero efectivo.

Su sustento económico ha ido cambiando. Al principio compatibilizaron la obra con otros trabajos y proyectos; con el tiempo, el canal de YouTube se convirtió en su principal ingreso. Todo empezó casi por accidente, con lo que llaman «el gran diluvio»: al rebajar el nivel del suelo pincharon un manantial y la cabaña se inundó por completo. Pasaron 48 horas sacando agua sin parar y, tras compartir esos vídeos con amigos, alguien les sugirió subirlos para inspirar a otros.

¿Qué recursos usan a diario y para qué les sirven?

Aunque no buscan una autosuficiencia total, sí han montado un sistema práctico para reducir gastos y dependencia del exterior. Lo esencial de su día a día cabe en esta tabla.

RecursoPara qué lo usan
Cocina de leña (chapa)Cocinar, preparar infusiones, secar ambiente y como único sistema de calefacción
Placas solaresCargar portátiles y trabajar
Generador de gasolinaEmergencias en meses de invierno
Baño seco en caseta exteriorAseo diario; sustituyó a un inodoro químico portátil
GimnasioDuchas con agua caliente en invierno
Alfombras y mantas colgadasAislamiento provisional contra frío y humedad
Tienda de campaña (interior)Dormir durante casi dos años para aislarse de suciedad y bajas temperaturas
Huerta y gallinero provisionalColes, acelgas y huevos para reducir gasto en alimentación

Además, su relación con el entorno ha cambiado: donde antes había miedo a las arañas, ahora las llaman «Rogelias» y las sacan con la mano. En la práctica, la huerta y los huevos alivian la cesta de la compra, y cada pequeño ajuste suma en el presupuesto.

¿Quieres intentar algo parecido? Pasos para no tropezar de primeras

Si te ronda la cabeza una vida más austera y tranquila, el ejemplo de Ana y Erika ofrece pistas muy concretas. No es un camino rápido ni glamuroso, pero sí realista y orientado a reducir gastos mes a mes.

  1. Define el espacio mínimo y el proyecto: 27 metros cuadrados obligan a priorizar y a planificar por fases.
  2. Planifica la higiene desde el día uno: valora un baño seco y, mientras no haya ducha, una alternativa como el gimnasio para el invierno.
  3. Diseña una energía mixta: placas solares para el día a día y un respaldo (generador) para emergencias invernales.
  4. Prevé aislamiento provisional: mantas y alfombras ayudan mientras el tejado y paredes no estén terminados.
  5. Acomoda el descanso: una tienda de campaña interior puede ser solución temporal; tener una cama fija será un hito.
  6. Piensa en ingresos compatibles con la obra: documentar el proceso (como su canal de YouTube) puede convertirse en soporte económico.
  7. Integra la alimentación: una pequeña huerta y un gallinero provisional reducen gastos sin exigir autosuficiencia total.

No todo el mundo querrá ni podrá dar un giro así, pero hay algo universal en su enfoque: ajustar expectativas, invertir lo justo y ganar tiempo. Para ellas, la clave es evitar la tortura del «¿y si hubiera…?». De ahí que su cabaña no sea solo un techo, sino una forma de vivir que les encaja hoy, aquí y ahora. En consecuencia, más que una escapada romántica, es un proyecto vital con números, frío, humedad… y agua caliente, sí, pero en el gimnasio.

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