Osos, linces, alces y caballos regresan a Chernóbil mientras los científicos estudian qué está ocurriendo

Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B detecta una mayor diversidad y presencia de grandes mamíferos en la zona de exclusión y apunta a las fuertes restricciones de acceso humano como uno de los factores determinantes.

Cuarenta años después del accidente nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986, los grandes mamíferos han recolonizado buena parte de su zona de exclusión. Un estudio publicado el 20 de mayo de 2026 ha encontrado que la diversidad, la ocupación y la probabilidad de detectar varias especies son significativamente superiores allí y en la vecina reserva natural de Drevlianskyi que en otras áreas analizadas del norte de Ucrania.

Chernóbil registra una elevada presencia de grandes mamíferos

El trabajo está dirigido por la ecóloga Svitlana Kudrenko y fue publicado en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences. Los investigadores analizaron mediante cámaras trampa la presencia de mamíferos terrestres en el norte de Ucrania durante 2020 y 2021. El estudio evaluó tanto la Zona de Exclusión de Chernóbil como espacios naturales protegidos y terrenos sin ese nivel de protección.

En total, los muestreos generaron 31.200 detecciones de fauna, de las cuales 19.832 correspondieron a la reserva de Chernóbil. Esta última cifra equivale aproximadamente al 63,6% de todos los registros. Las detecciones no representan necesariamente animales diferentes, puesto que un mismo ejemplar puede activar una cámara en más de una ocasión.

Los modelos científicos se centraron específicamente en 11 especies de mamíferos terrestres. Los resultados mostraron mayores probabilidades de ocupación para animales como el caballo de Przewalski, el lince euroasiático, el alce y el ciervo rojo dentro de Chernóbil y la reserva de Drevlianskyi.

Esta recuperación de fauna recuerda a otros procesos en los que determinados territorios cambian tras reducirse drásticamente la actividad humana. Un ejemplo relacionado es la aparición de animales híbridos en Fukushima, otra zona marcada por un accidente nuclear.

Las restricciones a las personas ayudan a explicar la recuperación

Los investigadores no concluyen que la radiación sea beneficiosa para los animales. El resultado central apunta en otra dirección. Las áreas protegidas funcionan mejor para determinados grandes mamíferos cuando son extensas, están conectadas entre sí y las restricciones al acceso humano se aplican realmente.

Chernóbil reúne unas condiciones poco habituales. Después del accidente se creó una zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor de la central, que permanece esencialmente despoblada. El Organismo Internacional de Energía Atómica señala que unas 200.000 personas fueron trasladadas como consecuencia del desastre y que una amplia superficie de Ucrania, Bielorrusia y Rusia quedó contaminada.

La ausencia de asentamientos, agricultura intensiva, tráfico habitual y otras actividades humanas ha permitido que especies especialmente sensibles a las perturbaciones recuperen territorios abandonados. Kudrenko ha explicado también que la presencia humana mínima favoreció el aumento de determinadas poblaciones y la recolonización de especies desaparecidas localmente, entre ellas osos pardos y linces.

El resultado tiene interés para la gestión de otros espacios naturales. Investigaciones y proyectos con grandes herbívoros también estudian actualmente cómo su presencia modifica los ecosistemas, como sucede con el uso de bisontes europeos para controlar vegetación y favorecer la biodiversidad.

La radiación sigue presente y no puede considerarse inocua

La recuperación de grandes mamíferos no significa que el accidente nuclear haya dejado de tener consecuencias ambientales. El OIEA mantiene que estroncio-90 y cesio-137 continúan presentes en la zona debido a sus largos periodos de semidesintegración. El organismo recuerda también que las concentraciones inmediatamente posteriores al accidente llegaron a provocar la muerte de árboles próximos al reactor.

Otros trabajos científicos han detectado respuestas biológicas concretas en algunas especies. Una investigación publicada en 2022 encontró que las ranas arborícolas orientales de la zona de exclusión presentaban una coloración dorsal considerablemente más oscura. El patrón estaba relacionado con las áreas que registraron mayores niveles de radiación en el momento del accidente, no con los niveles actuales recibidos por los ejemplares estudiados.

Los autores plantearon que la melanina pudo ofrecer una ventaja protectora frente a la radiación ionizante y favorecer la selección de ejemplares más oscuros. Tampoco sería un fenómeno completamente desconocido en otros organismos. Experimentos con hongos melanizados han mostrado que la radiación ionizante puede modificar las propiedades electrónicas de la melanina y favorecer su crecimiento en determinadas condiciones.

En 2026 se publicó además una investigación sobre lobos de Chernóbil que encontró señales moleculares asociadas al estrés provocado por la radiación y posibles procesos de selección relacionados con objetivos del sistema inmunitario. Sus resultados amplían la investigación sobre cómo varias décadas de exposición pueden haber afectado a estas poblaciones.

Chernóbil se convierte en un laboratorio natural cuatro décadas después

El nuevo estudio aporta una idea especialmente relevante para la conservación. La denominación legal de un espacio protegido no garantiza por sí sola una mayor presencia de fauna. Según los autores, el tamaño del territorio, su continuidad y el cumplimiento efectivo de las restricciones humanas pueden resultar determinantes para los grandes mamíferos.

Esta circunstancia también se observa en otras investigaciones sobre biodiversidad, donde la reducción de determinadas actividades altera rápidamente la presencia de animales. España cuenta con experiencias que utilizan fauna para recuperar ecosistemas, desde bisontes en zonas forestales hasta iniciativas en instalaciones solares donde se analiza el efecto de la gestión del terreno sobre las aves.

Chernóbil tampoco puede interpretarse como una demostración de que la naturaleza sea inmune a un accidente nuclear. El estudio de Kudrenko analiza principalmente las consecuencias de la actividad humana y de las características del paisaje sobre los mamíferos, no pretende demostrar que la radiación sea inocua. Esa diferencia resulta esencial para interpretar unos datos que muestran una recuperación ecológica extraordinaria dentro de un territorio que continúa sometido a contaminación radiactiva.

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