Una ciudad interestelar de 58 kilómetros para vivir durante generaciones: Chrysalis, la enorme nave creada para abandonar la Tierra algún día

El concepto ganador del Project Hyperion plantea una ciudad espacial autosuficiente capaz de alojar a varias generaciones durante un viaje hacia otro sistema estelar. Chrysalis no está en construcción y depende de tecnologías que todavía no existen a escala operativa.

Chrysalis es una nave generacional hipotética concebida para mantener una sociedad humana durante siglos. El diseño obtuvo el primer puesto en el Project Hyperion Design Competition de 2025, organizado para estudiar la viabilidad de los viajes interestelares tripulados. El jurado destacó su estructura modular, la protección frente a la radiación y la planificación de una posible fabricación en el espacio.

Chrysalis mediría 58 kilómetros y funcionaría como una gran ciudad autosuficiente

La nave tendría forma cilíndrica, alcanzaría los 58 kilómetros de longitud y podría albergar hasta 2.400 personas. La población habitual se mantendría alrededor de los 1.500 habitantes, mientras que su construcción teórica exigiría entre 20 y 25 años.

El interior estaría distribuido en cinco capas concéntricas alrededor de un núcleo central. Sus habitantes dispondrían de viviendas, hospitales, escuelas, bibliotecas, parques, espacios agrícolas, fábricas y almacenes. Los diferentes módulos rotarían para generar una gravedad similar a la terrestre.

La producción de alimentos ocuparía una parte esencial de la estructura. Los ecosistemas cerrados tendrían que generar oxígeno, reciclar agua y residuos y mantener estable la atmósfera. Robots y sistemas automatizados asumirían trabajos industriales y logísticos, mientras que varios reactores de fusión proporcionarían energía y propulsión.

El viaje a Próxima Centauri b duraría cerca de 400 años

Próxima Centauri b se encuentra a unos 4,2 años luz de la Tierra. Los 400 años corresponden al tiempo estimado del viaje, no a la distancia. El exoplaneta orbita una estrella enana roja y está situado en su zona habitable, aunque se desconoce si conserva una atmósfera o agua líquida. Las intensas llamaradas de su estrella también podrían dificultar la vida en la superficie.

La tripulación inicial no alcanzaría el destino. Sus integrantes vivirían y morirían dentro de Chrysalis, mientras que sus descendientes continuarían la misión hasta llegar al sistema de Próxima Centauri. Educación, sanidad y transmisión del conocimiento formarían parte del funcionamiento cotidiano de esta sociedad.

La NASA estudia Próxima Centauri b dentro de sus investigaciones sobre exoplanetas, pero Chrysalis no es una misión de la agencia estadounidense. El proyecto procede de una competición impulsada por la Initiative for Interstellar Studies y permanece en una fase exclusivamente conceptual.

Los retos tecnológicos y humanos que impiden construir hoy la nave Chrysalis

La propulsión mediante fusión, el mantenimiento de ecosistemas cerrados durante siglos y la protección frente a la radiación, el polvo interestelar y los micrometeoritos siguen planteando dificultades sin resolver. También sería necesario fabricar repuestos a bordo y conservar conocimientos técnicos durante numerosas generaciones.

El componente social tendría una importancia similar. El diseño incluye sistemas de educación, gobierno, salud mental y gestión de la población. También plantea crear durante varias décadas una comunidad aislada en la Antártida para preparar la cultura y las normas que regirían posteriormente la nave.

Chrysalis no es todavía la nave que permitirá abandonar la Tierra, sino una propuesta para analizar qué necesitaría una sociedad humana durante un viaje interestelar de varios siglos.

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