La monja emprendedora de 29 años que mantiene su convento vendiendo como autónoma

España cuenta con unas 7.500 monjas de clausura. Marta, de 29 años, es una de ellas y sostiene su convento vendiendo cosmética artesanal. No viven de limosnas, sino de lo que ingresan cada día para pagar los gastos del monasterio. Ella lo resume con una frase: «Somos autónomas y vivimos de lo que ganamos vendiendo cosmética, es lo que sostiene nuestra vida».

España cuenta con miles de monjas de clausura y monasterios que se enfrentan al cierre

En la última década, el número de monjas de clausura ha pasado de más de 10.000 a unas 7.300-7.500. Al mismo tiempo, se cierran entre 20 y 22 monasterios al año por falta de vocaciones. La edad media supera los 75 años y las comunidades se hacen cada vez más pequeñas y mayores. El mapa de conventos se encoge y muchos ven peligrar su continuidad.

Lejos de vivir únicamente de la caridad, los monasterios funcionan como pequeñas empresas. ¿Quién piensa todavía que los conventos viven solo de las limosnas? Las monjas cotizan al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) y obtienen ingresos vendiendo repostería, artesanía, cosmética y algunos servicios digitales, mientras sostienen edificios monumentales con recursos muy ajustados. Estos son algunos datos que resumen la situación actual de los conventos de clausura en España:

DatoCifra
Monjas actuales7.300-7.500
Hace una década>10.000
MonasteriosUnos 710
Cierres al año20-22
Edad media>75 años
Calefacción inviernoHasta 3.000 €/mes
Pensiones habituales700-800 €/mes

Marta descubre su vocación de clausura siendo adolescente y entra al monasterio

Marta descubrió su vocación con 16 años, durante unas vacaciones en familia en un monasterio benedictino. Allí conoció de cerca la vida de las monjas y la espiritualidad que guía su jornada. Ella misma lo describe como “amor a primera vista”, una llamada interior que decidió seguir.

Sus padres aceptaron su decisión, aunque el camino no fue fácil. Pasó por distintas etapas de formación y fue comprobando, paso a paso, si esa vida era realmente para ella. Como recuerda, «Rendirse hubiera sido lo fácil», pero optó por perseverar. Su proceso incluyó fases muy concretas dentro de la vida religiosa:

  • Aspirantado
  • Postulantado
  • Noviciado
  • Votos temporales
  • Profesión solemne

Actualmente convive con 10 monjas, entre ellas hermanas de Nigeria. Su día a día combina oración, trabajo en la cocina, elaboración de dulces y cosmética y un canal de YouTube con el que pretende “naturalizar nuestro oficio y mostrar que las monjas somos normales y felices”.

La cosmética artesanal se convierte en la gran tabla de salvación económica

Aunque pueda pensarse que la vida en un monasterio es barata, la realidad es otra. Mantener un edificio de piedra del siglo XVI puede suponer hasta 3.000 euros al mes en calefacción, sin contar la luz, el agua, el internet o la alimentación. Gran parte del presupuesto procede de las pensiones de jubilación de las hermanas mayores, en torno a los 700 u 800 euros mensuales. Esa cantidad no alcanza para todo, de ahí que la venta de dulces y, sobre todo, de cosmética se haya convertido en una auténtica tabla de salvación. Al fin y al cabo, es su manera de pagar facturas y seguir adelante.

Lo que diferencia a esta cosmética es el uso de ingredientes procedentes de sus propios huertos, la ausencia de químicos agresivos y una elaboración lenta. ¿Quién imaginaría que un frasco de crema producido en silencio puede ayudar a mantener abierto un monasterio? La mayoría de los conventos no reciben dinero de la casilla de la declaración de la renta, que se destina a las diócesis para el culto y el clero secular, no a los monasterios de clausura. Por tanto, viven literalmente de lo que venden.

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