La construcción, medicina y aeronáutica: esta especie de araña puede cambiar la ingeniería humana con su telaraña

A simple vista, una telaraña parece poca cosa: algo que quitamos con la escoba y listo. Pero en Australia, una pequeña araña está demostrando que, en realidad, ahí hay más ingeniería de la que pensamos. Se trata de Asianopis subrufa, capaz de fabricar hilos con una elasticidad y una dureza nunca antes vistas en ningún material.

Según un estudio publicado en PNAS, la revista oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, sus telarañas tienen una complejidad técnica que la industria humana todavía no sabe copiar. Esta especie lanzadora “modifica” la seda con sus patas para crear un biomaterial, es decir, un material producido por un ser vivo que puede aprovecharse tecnológicamente. Y, basados en los datos del experto argentino Martín Ramírez, ese material podría cambiar desde la medicina hasta la aeronáutica.

¿Por qué esta telaraña australiana podría revolucionar los materiales?

Asianopis subrufa no se limita a escupir seda y ya está: lo que hace es alterar la seda con sus patas para fabricar un biomaterial con propiedades extremas de elasticidad y resistencia. Esto quiere decir que el hilo que sale de su cuerpo no es el producto final, sino la “materia prima” que la araña procesa con sus extremidades para darle la arquitectura que necesita. En la práctica, este biomaterial soporta tensiones muy fuertes sin romperse, algo que cualquier ingeniero de materiales firmaría ahora mismo sin dudar.

Basados en los datos de Martín Ramírez, el estudio concluye que esta telaraña abre la puerta a una nueva generación de materiales capaces de deformarse y volver a su forma sin romperse. Por lo tanto, una araña de cuerpo pequeño, de unos 25 milímetros, podría estar marcando el camino a soluciones que la tecnología humana todavía no ha sabido diseñar por sí sola. De ahí que se hable de una posible revolución que va desde el quirófano hasta el paracaídas.

¿Qué tiene de especial la tela de la araña Asianopis subrufa?

El trabajo del científico del CONICET Martín Ramírez describe que los radios de la telaraña presentan una estructura compuesta inédita, es decir, un diseño de varias capas que no se había visto antes en otros materiales. Cada hilo tiene un núcleo formado por dos fibras gruesas de carácter viscoelástico (material que se deforma pero puede recuperar su forma) y, alrededor, una funda de fibras mucho más finas, rígidas y plegadas sobre sí mismas. En esta estructura confluyen varios datos clave del estudio:

AspectoDato clave
Especie estudiadaAsianopis subrufa, una araña australiana lanzadora
Estructura del hiloNúcleo con dos fibras gruesas viscoelásticas y funda de fibras finas, rígidas y plegadas
Capacidad de expansión de los radiosEntre 8 y 24 veces su tamaño original en milisegundos
Tamaño del cuerpo de la arañaAproximadamente 25 milímetros, con patas largas
Escala observada en la microfotografíaSeda vista a 0,05 milímetros con un microscopio electrónico
Publicación del estudioPNAS, revista oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos
Premio a la imagenCertamen de la Royal Society 2025, con la fotografía «Hilos de araña hipnotizantes»

En consecuencia, no se trata de un hilo sencillo, sino de una auténtica “cuerda inteligente” formada por un núcleo más blando y una funda más rígida que se despliega a demanda. El estudio califica esta arquitectura como compuesta e inédita, con propiedades mecánicas que no se habían observado antes en otros materiales.

Cómo funciona la arquitectura de bucles y la elasticidad ajustable

Cuando el hilo se estira, los bucles de la funda no se despliegan de golpe, sino de manera progresiva. Esto quiere decir que, a medida que aumenta la tensión sobre el hilo, la funda va cediendo poco a poco, liberando más longitud y reforzando la estructura. En lugar de romperse, la telaraña es capaz de deformarse de forma reversible: se alarga, absorbe la energía y luego puede volver a su estado original.

Lo más llamativo es que la araña ajusta la elasticidad de los radios durante el propio proceso de fabricación. Con ayuda de sus patas posteriores, realiza ciclos repetidos de estiramiento y relajación del hilo, como si estuviera “amasando” la seda. A mayor número de ciclos, más bucles se acumulan en la funda y el resultado es un hilo mucho más elástico. En otras palabras, la araña personaliza sus “gomas elásticas” a medida, según lo que necesite para cazar.

¿En qué áreas se podría aplicar este nuevo biomaterial de araña?

Replicar esta arquitectura en materiales artificiales permitiría innovar en sectores muy distintos, pero que comparten un mismo problema: necesitan materiales capaces de aguantar mucho sin romperse y, al mismo tiempo, deformarse sin colapsar. En la vida cotidiana, eso se traduce en desde operaciones médicas hasta sistemas de seguridad como paracaídas o estructuras que absorben impactos. Entre las aplicaciones planteadas en el estudio destacan:

  • Creación de ligamentos y tendones artificiales con memoria elástica.
  • Desarrollo de suturas quirúrgicas de alta precisión y resistencia.
  • Diseño de paracaídas y materiales de construcción que absorban impactos sin colapsar.
  • Fabricación de textiles técnicos para aplicaciones industriales extremas.

Todas estas ideas apuntan a materiales fibrosos que sean, a la vez, muy blandos y muy fuertes. El estudio menciona que, gracias al trabajo conjunto de científicos de Argentina, Alemania y Australia, los ingenieros disponen ahora de una guía para diseñar fibras que se comporten como un elastómero (un material muy flexible, como una goma) pero con la resistencia de una fibra de alta tenacidad (una fibra capaz de soportar grandes tensiones antes de romperse). Por consiguiente, las telarañas de esta araña australiana podrían convertirse en el plano de futuros materiales “imposibles”.

¿Cómo caza Asianopis subrufa y por qué necesita una red tan elástica?

Asianopis subrufa tiene un cuerpo pequeño, de unos 25 milímetros, pero lo compensa con unas patas largas y una estrategia de caza muy particular. Es una cazadora nocturna: se apoya en sus grandes ojos para detectar el movimiento de la presa y, en el momento adecuado, lanza una red adhesiva, es decir, una red pegajosa que sujeta directamente con sus extremidades. Para que ese ataque funcione, la red tiene que ser extremadamente maniobrable.

Según se indica desde el CONICET, la araña utiliza dos tácticas distintas: un ataque frontal para capturar insectos terrestres, como hormigas o escarabajos, y un ataque hacia atrás para atrapar presas voladoras, guiándose por las vibraciones. Esa combinación de movimientos rápidos y cambios de posición exige que los radios de la red se comporten como auténticos resortes. De ahí que puedan expandirse entre 8 y 24 veces su tamaño original en apenas milisegundos, algo así como una goma que se estira varias veces su longitud para envolver a la presa sin romperse en el proceso.

¿Qué revela la fotografía microscópica de la seda a 0,05 milímetros?

Para entender esta arquitectura en detalle, Martín Ramírez capturó una imagen con un microscopio electrónico en la que se observa la seda a una escala de solo 0,05 milímetros. Esta fotografía, que ganó el certamen de la Royal Society 2025 bajo el título «Hilos de araña hipnotizantes», muestra con claridad cómo la funda de bucles rodea el núcleo del hilo. En la imagen se ve esa capa externa plegada abrazando el núcleo viscoelástico, responsable de que el material sea tan deformable y, al mismo tiempo, tan resistente.

Gracias al trabajo conjunto de científicos de Argentina, Alemania y Australia, esa imagen no es solo bonita o llamativa: funciona como un mapa para la ingeniería de materiales. El estudio señala que los ingenieros cuentan ahora con una guía directa para diseñar materiales fibrosos que combinen dos características que normalmente parecen incompatibles: ser tan blandos como un elastómero y tan fuertes como una fibra de alta tenacidad. En consecuencia, lo que ocurre a escala de 0,05 milímetros en una telaraña australiana podría terminar influyendo en cómo se fabrican, en el futuro, desde suturas hasta estructuras que absorben impactos.

¿Qué puede hacer el lector con toda esta información sobre telarañas?

Si trabajas en campos como la medicina, la ingeniería o los materiales, este estudio publicado en PNAS y los datos aportados por el científico del CONICET Martín Ramírez ofrecen un modelo muy concreto que puedes tener en cuenta: un núcleo viscoelástico protegido por una funda de fibras plegadas que se despliegan bajo tensión. Esto invita a revisar cómo se diseñan hoy ligamentos artificiales, suturas, paracaídas o textiles técnicos y a compararlos con esta arquitectura de bucles ajustables. No hace falta reinventar la rueda si la naturaleza ya propone un esquema detallado.

Si no te dedicas a nada de eso, esta historia sigue siendo útil como ejemplo de hasta qué punto las soluciones naturales pueden ir por delante de la tecnología humana. Puede servir para explicar en clase, en casa o en cualquier conversación cómo una araña de 25 milímetros, trabajando de noche y en silencio, es capaz de inspirar nuevos materiales para la medicina o la aeronáutica. Y, por otro lado, quizá la próxima vez que veas una telaraña antes de pasar la escoba te preguntes qué tipo de “ingeniería invisible” estás borrando de la pared.

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