Viajes pagados con dinero público y casualmente en viernes y sábado: así se mueve la agenda de los ministros

Organizar una escapada de fin de semana es algo que cualquiera intenta cuadrar en la agenda, y los ministros españoles no parecen ser una excepción. Sus viajes oficiales, es decir, esos desplazamientos costeados con presupuesto público que en teoría deberían perseguir grandes fines de interés general, dan bastante juego.

Si uno se asoma a sus agendas, la sensación es que casi se han convertido en un pasatiempo con vuelo incluido. Y donde más se nota es precisamente en los viernes y los sábados. Actos en ferias de embutido, coloquios sobre masones o visitas a concentraciones moteras aparecen como compromisos solemnes en esos días. La pregunta de fondo es simple: ¿estamos ante servicio público o ante fines de semana bien aprovechados?

¿Cómo se mezclan la agenda oficial y los fines de semana?

Los viajes oficiales de los ministros, pagados con dinero del presupuesto público, se presentan siempre como desplazamientos para atender asuntos de interés general, ya sea dentro de España o al extranjero. Sobre el papel suena muy solemne: protocolos de colaboración, coloquios, inauguraciones y conferencias. En teoría, cada salida debería responder a un propósito claro y difícilmente discutible.

Sin embargo, cuando se baja al detalle y se mira la agenda con lupa, aparece un patrón que no pasa desapercibido: muchos de estos actos se colocan en fin de semana o en viernes, y con bastante frecuencia en lugares muy vinculados a la vida personal o política de cada ministro. Seguro que es pura coincidencia, faltaría más, pero cuesta no pensar que el calendario oficial y la comodidad personal se llevan sorprendentemente bien.

¿Qué ejemplos muestran esa afinidad por la tierra y el fin de semana?

Uno de los casos más llamativos es el de la ministra de Ciencia, Diana Morant. El sábado, a su llegada a la Muestra de Embutido Artesano y de Calidad de Requena (Valencia), no dudó en bromear: «Llevo dos días sin comer para poder probarlo todo». Un buen embutido puede tener su ciencia, sí, pero no parece precisamente el núcleo duro de la política científica del país. Más aún si se recuerda que Morant es de Gandía y que será candidata del PSOE a la presidencia autonómica, de modo que el viaje le permitía compaginar presencia institucional y presencia política muy cerca de casa.

Algo parecido ocurre con otros nombres y fechas concretas, donde viernes y fines de semana se mezclan con lugares muy familiares para los protagonistas. En la siguiente tabla se resumen algunos de los viajes mencionados en la información original:

FechaMinistro/aOrigen citado en la informaciónDestino del viajeActividad principal según la agenda oficial
SábadoDiana MorantGandía; candidata del PSOE a la presidencia autonómicaRequena (Valencia)Asistencia a la Muestra de Embutido Artesano y de Calidad
ViernesÁngel Víctor TorresMinistro canario de Política TerritorialSanta Cruz de TenerifeFirma de un protocolo de colaboración con el Ayuntamiento y asistencia a un coloquio sobre los masones
ViernesErnest UrtasunBarcelonésDelegación del Gobierno en BarcelonaAtención a los medios de comunicación
ViernesAna RedondoValladolid, su ciudad natalValladolidReunión con el club organizador de la concentración motera de Pingüinos y visita al punto violeta
ViernesMaría Jesús MonteroMuchos viernes con agenda oficial en SevillaSevillaInauguración de una feria provincial de mujeres empresarias
ViernesÁngel Víctor TorresMinistro canario de Política TerritorialGran CanariaInauguración de una especie de museo local impulsado por una fundación que animaba a acudir con trajes tradicionales

La combinación de datos habla por sí sola: viernes, sábado, ciudades de origen o de fuerte arraigo político y actos que, en algunos casos, se alejan bastante de la imagen clásica de un viaje de Estado. En el caso de Morant, se podría decir que, probando longaniza, mató dos pájaros de un tiro: presencia en una feria local y movimiento político en un territorio clave para su candidatura.

¿Y qué pasa con los viajes internacionales de los ministros?

A estos desplazamientos nacionales se suman las expediciones internacionales, que también se incluyen dentro de la categoría de viajes oficiales. Este mes, la titular de Trabajo, Yolanda Díaz, volvió a EEUU para dar una conferencia en la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard. No ha pasado ni un mes desde que estuvo en Finlandia, donde se reunió con representantes de los sindicatos en Helsinki. Todo ello forma parte de la actividad exterior del Ministerio, pero también encaja en esa dinámica de frecuente movimiento.

La cuestión, una vez más, no es solo a dónde van, sino qué obtiene exactamente el país a cambio de pagar esos billetes y los de los séquitos que acompañan a cada ministro. ¿Qué le aporta esto al país como para costear con fondos públicos los viajes de tantos ministros y los de sus séquitos? La información deja la duda en el aire y sugiere, sin decirlo abiertamente, que quizá convendría explicar mejor por qué cada desplazamiento merece salir del bolsillo común.

¿Qué puede hacer el ciudadano ante estos viajes oficiales de fin de semana?

El ciudadano no decide la agenda de los ministros, pero sí puede mirar con algo más de atención qué hacen sus representantes cuando dicen viajar por motivos oficiales. Al final, la agenda es pública y el uso del presupuesto también debería serlo en la práctica, no solo en los discursos.

  • Revisar de vez en cuando las actividades que se anuncian en la agenda de los ministros y fijarse en qué días y en qué lugares se concentran esos actos, especialmente si coinciden con fines de semana y con ciudades de origen o de peso político para cada uno.
  • Preguntarse si el acto encaja claramente con el contenido del ministerio o si se parece más a un compromiso local o de partido camuflado como visita institucional.
  • Tener en cuenta este tipo de movimientos cuando llegue el momento de valorar la gestión de los responsables públicos y decidir a quién apoyar.
  • Comentar y compartir estos datos en conversaciones y espacios públicos para que el uso de los viajes oficiales no pase desapercibido.

En consecuencia, los viajes oficiales seguirán existiendo, pero el modo en que se usen dependerá también de cuánta atención se preste a los detalles: fechas, destinos y motivos reales. De ahí que la gran pregunta, la de si estos desplazamientos persiguen de verdad fines superiores o sirven sobre todo para encajar un buen fin de semana, siga flotando, cómoda, en el ambiente.

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