A todos nos ha pasado: llega un día en el que una batería ya no rinde como antes y toca buscar solución. Con los coches eléctricos, ese momento no es solo una molestia doméstica, sino un negocio enorme. En China, el reciclaje de baterías se está convirtiendo en un dolor de cabeza porque gran parte se mueve fuera de la ley. Según investigaciones de medios locales, hay talleres clandestinos que se han hecho con alrededor del 75% del reciclaje de baterías retiradas. Y cuando el margen puede rondar los 1.200 euros por batería, ya te imaginas lo fácil que es que la cosa se desmadre. El problema no es solo económico: también hay riesgos ambientales y de seguridad nada pequeños.
¿Qué está pasando con el reciclaje de baterías de coches eléctricos en China?
China se enfrenta a un reto creciente en un punto clave de su transición a la movilidad eléctrica: qué hacer con las baterías cuando llegan al final de su ciclo. Investigaciones recientes de medios locales describen una red de talleres sin licencia que domina el proceso y gestiona en torno al 75% de las baterías retiradas, fuera de la regulación oficial.
El medio chino Yicai documentó el fenómeno tras acceder a uno de estos talleres ocultos en la provincia de Guangdong. Allí, en instalaciones sin identificación empresarial y con controles de acceso estrictos, se encontraron cientos de baterías desmontadas, herramientas improvisadas y personal manipulando celdas sin equipos de protección adecuados. Mucho volumen, poca norma y prisa por sacar rendimiento.
¿Cómo se gana dinero con una batería usada y por qué el negocio es tan jugoso?
La lógica de estos talleres es tan simple como eficaz: comprar barato (o, mejor dicho, comprar rápido), desmontar, clasificar y revender lo que aún sirva. Se abastecen con baterías usadas de todo el país procedentes de aseguradoras, subastas, empresas de movilidad o propietarios particulares. Después separan celdas según su estado, buscando el punto exacto donde el dinero manda más que los “papeles”.
Cuando una celda conserva más del 50% de su capacidad, se destina a una segunda vida en productos como bicicletas eléctricas, triciclos, sistemas de almacenamiento o baterías portátiles. Lo que ya está degradado se tritura para extraer metales valiosos como litio, níquel o cobalto. Y aquí llega el gancho: un solo vehículo eléctrico puede generar beneficios cercanos a 10.000 yuanes, unos 1.200 euros. Con ese incentivo, no sorprende que estos talleres puedan pagar hasta un 30% más por baterías usadas que las empresas autorizadas, interceptando el suministro y dejando a las compañías legales sin “materia prima”.
¿Qué riesgos ambientales y de seguridad implica reciclar sin control ni trazabilidad?
El impacto no se queda en la competencia desleal. El problema tiene una dimensión ambiental crítica, porque estos talleres clandestinos carecen de la tecnología necesaria para recuperar materiales de forma eficiente y segura. Mientras las empresas homologadas logran tasas de recuperación superiores al 90%, los talleres ilegales se quedan en procesos básicos que generan residuos contaminantes y desperdician recursos estratégicos.
A eso se suma la falta total de trazabilidad, es decir, que no hay control del origen ni del destino final de esas baterías. En ese contexto se han detectado prácticas peligrosas como mezclar celdas de distintas capacidades, algo que incrementa el riesgo de incendios y fallos en productos reutilizados. Y claro, cuando una batería acaba en una bici eléctrica, un triciclo o un sistema de almacenamiento, el usuario final rara vez sabe qué hay realmente dentro.
¿Qué dicen las cifras sobre la capacidad legal y el tamaño del problema?
Lo paradójico es que China cuenta con una capacidad oficial de reciclaje muy superior a lo que termina circulando por vías legales. La capacidad instalada alcanza los 3,8 millones de toneladas, pero las empresas autorizadas apenas procesan el 18% de esa cifra. En otras palabras: hay plantas preparadas, inversión en tecnología y dinero puesto sobre la mesa, pero buena parte del flujo se va por el carril de atrás. Para ver el contraste de un vistazo, aquí van los números clave que aparecen en la información disponible:
| Indicador | Cifra |
|---|---|
| Baterías retiradas gestionadas por talleres clandestinos | 75% |
| Beneficio aproximado por batería (por vehículo) | 10.000 yuanes (unos 1.200 euros) |
| Umbral para reutilizar celdas | Más del 50% de capacidad |
| Sobreprecio que pueden pagar frente a empresas autorizadas | Hasta un 30% más |
| Recuperación en empresas homologadas | Superior al 90% |
| Capacidad oficial instalada de reciclaje | 3,8 millones de toneladas |
| Porcentaje procesado por empresas autorizadas | 18% |
| Previsión de baterías al final de su vida útil antes de 2030 | Más de 1 millón de toneladas |
| Inicio previsto de nuevas medidas | Abril |
Y la tendencia apunta a más presión: se prevé que antes de 2030 lleguen al final de su vida útil más de un millón de toneladas de baterías. Si el 75% sigue moviéndose en canales clandestinos, el problema no solo no se corrige, sino que se multiplica: más volumen, más residuos, más riesgo y menos control.
¿Qué medidas entran en vigor en abril para frenar el mercado negro del reciclaje?
Ante esta situación, el Gobierno chino pondrá en marcha en abril nuevas medidas provisionales para reforzar la trazabilidad, el control del reciclaje y la reutilización de baterías. El objetivo declarado es crear un sistema integrado que conecte fabricación, reciclaje y regeneración, reduciendo el peso del mercado ilegal.
Además, expertos y asociaciones del sector señalan que hará falta endurecer sanciones, mejorar la supervisión y vincular el reciclaje oficial a trámites como la baja de los vehículos, siguiendo modelos ya aplicados en la Unión Europea. Traducido a la vida real: si quieres dar de baja el coche, el circuito oficial del reciclaje debería ir de la mano del trámite, para que no sea tan fácil “perder” una batería por el camino.
¿Cómo puede protegerse un consumidor ante baterías reutilizadas sin control?
Aunque el foco de la noticia está en China, hay una idea práctica que sirve para cualquiera: cuando no hay trazabilidad, no hay garantías. Y si encima se habla de mezcla de celdas de distintas capacidades y riesgo de incendios, conviene no tomárselo a la ligera, aunque el precio parezca tentador. Si te encuentras con productos que puedan llevar celdas reutilizadas (como baterías portátiles, sistemas de almacenamiento o baterías para movilidad ligera), estos pasos ayudan a reducir sustos:
- Pregunta por el origen y el destino del producto: si no hay información clara, es una señal de alerta.
- Desconfía de soluciones “demasiado redondas” cuando el ahorro es el gancho, porque el margen de 1.200 euros por batería explica por qué el mercado negro aprieta.
- Evita artículos donde no quede claro el estado real de la batería, especialmente si se sugiere reutilización sin control (el riesgo aumenta si se mezclan celdas de distintas capacidades).
- Si tienes una batería usada, busca canales oficiales de reciclaje: justamente lo que falta en el circuito clandestino es control y trazabilidad.
En un negocio donde algunos talleres se quedan con el 75% del reciclaje y pueden pagar hasta un 30% más por captar baterías usadas, la diferencia entre lo legal y lo clandestino no es un detalle administrativo: es el punto que separa un proceso seguro de otro que puede acabar en residuos, pérdidas económicas o, en el peor de los casos, un incendio.
